En 1896, el arqueólogo Flinders Petrie descubrió la Estela de Merenptah
en el templo funerario del faraón Merenptah en Tebas, Egipto. Este
hallazgo fue significativo porque contenía la mención más antigua
conocida de "Israel" fuera de los textos bíblicos. Esto es relevante
porque respalda el tema central de la Torah, que es Israel. Éxodo
4:22-23 menciona: “Israel es mi primogénito”, lo que refuerza la idea de
que la Biblia presenta a Israel como el pueblo elegido por Dios.
Quiero responder esta primera pregunta partiendo del hecho de que la
trascendencia de un hallazgo histórico fuera de la Biblia nos permite
evidenciar que su conformación como libro sagrado tiene referencias
arqueológicas. La evidencia del nombre Israel en una fuente tan antigua
respalda el relato central de un Dios que salva a su pueblo.
Por otro lado, Senaquerib (que reinó de 705-681 a.C.) fue el segundo rey
de la dinastía sargónida de Asiria, fundada por su padre Sargón II
(722-705 a.C.). Es uno de los reyes asirios más famosos debido a su
papel en las narrativas del Antiguo Testamento (II Reyes, II Crónicas e
Isaías)【Mark, 2014】.
Asimismo, Génesis 36:31 menciona que hubo reyes en Edom antes de que
existieran reyes israelitas. Recientes excavaciones arqueológicas en
Israel han revelado depósitos de cobre en Timna, donde se ha encontrado
evidencia de que los edomitas utilizaban técnicas avanzadas y
estandarizadas hace más de 3,000 años. Este descubrimiento confirma lo
relatado en Génesis, proporcionando más pruebas de que la Biblia
menciona eventos históricos verificables.
En la historia de Jesús y los dos discípulos en el camino a Emaús (Lucas
24:13-34), la ubicación de Emaús se describe como 60 estadios romanos
de Jerusalén, lo que equivale a siete millas. Durante siglos, los
estudiosos han tratado de precisar la ubicación de Emaús, proponiendo
varios sitios al oeste de Jerusalén, pero sin evidencia arqueológica
concluyente.
El arqueólogo Israel Finkelstein, conocido por su postura minimalista
respecto a la Biblia, ofreció una nueva identificación basada en las
fortificaciones de la era helenística descubiertas en Quiriat Yearim.
Según Finkelstein, hay dos listas de ciudades fortificadas helenísticas
alrededor de Jerusalén (mencionadas por el historiador Josefo y en 1
Macabeos 9:50), ambas incluyendo Emaús. Quiriat Yearim está a siete
millas de Jerusalén, coincidiendo con la descripción bíblica. Quiriat Yearim se menciona en múltiples ocasiones en el Antiguo
Testamento, destacándose como el lugar donde se guardó el Arca del Pacto
(1 Samuel 7:1-2) antes de que el rey David la trasladara a Jerusalén (1
Crónicas 13:5-6, 2 Crónicas 1:4). Estos hallazgos arqueológicos permiten cruzar evidencias, conectando la
historia humana con la Biblia. Por lo tanto, menciono otro hallazgo
relevante, pues sirve para establecer puntos de conexión que nos
permiten aclarar que la Biblia menciona lugares y personajes que no son
ficticios, sino más bien reales.
¿Cómo afecta esto la interpretación de la Biblia?
Estamos claros en que los hallazgos arqueológicos revelan confirmaciones
de personajes reales y lugares específicos, lo que nos lleva a validar
la fidelidad de los textos. Esta confirmación y validación nos permite
obtener el mejor contexto sociohistórico para analizar los escritos y
realizar una interpretación adecuada del texto. Ahora bien, este proceso de búsqueda por parte de los especialistas en
arqueología también desafía las narrativas y genera nuevos debates. Por
lo tanto, el trabajo del teólogo no debe ser dogmático ni parcializado,
sino más bien abierto, sin temor a la crítica y al debate.
Los hallazgos arqueológicos no solo corroboran si algo existió o no,
sino que también pueden aportar información que influye en la
interpretación. En este sentido, la interpretación se realiza desde una
línea de creencias. Debemos entender que los hallazgos arqueológicos no
están destinados a defender una fe, sino más bien a contribuir a la
hermenéutica. El teólogo enfrenta un gran desafío en la actualidad debido a los
avances tecnológicos. Si a esto sumamos los progresos en las ciencias y
la arqueología, se vuelve indispensable estar actualizado y contar con
información que permita preservar y trasladar la interpretación bíblica a
las nuevas generaciones.
Conclusión
Después de analizar la importancia de la arqueología bíblica y sus
hallazgos, que aclaran lugares y personajes, estos deben verse como un
apoyo para el teólogo, permitiéndole conocer más sobre el escenario
bíblico. Cada día surgen personas que atacan la autenticidad de la
Biblia, mientras que otros la defienden, pero, a fuerza de ser sinceros,
la arqueología y la tecnología aún tienen sus limitaciones.
A pesar de los avances en excavaciones e interpretación de textos
antiguos, todavía hay muchas incógnitas por resolver. La arqueología no
puede responder a todas las preguntas teológicas, pero sí proporciona
herramientas para un análisis más profundo y una comprensión contextual
de los relatos bíblicos.
Por ello, es fundamental que los teólogos, historiadores y creyentes
mantengan una actitud crítica, investigativa y abierta al diálogo. Al
estar informados y actualizados sobre los nuevos descubrimientos, se
puede fortalecer la conexión entre la fe y la historia, evitando
interpretaciones superficiales o sesgadas.
Mark, J. J. (2014, julio 15). Senaquerib. World History Encyclopedia.
Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/1-499/senaquerib/
Museo del Louvre. (s.f.). Viaje por el palacio de Sargón II. Recuperado
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Biblical Historical Context. (s.f.). Israelite Origins: The Merneptah
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https://biblicalhistoricalcontext.com/israelite-origins/israelite-origins-the-merneptah-stele/
BITE Project. (2020). Arqueología Bíblica: Descubrimientos en tiempos
del COVID. Recuperado de
https://biteproject.com/arqueologia-biblica-descubrimientos-covid/
Gilbert, G. (2022, abril 27). 4 Reasons Archaeology Cannot "Prove" the
Bible. The Gospel Coalition. Recuperado de
https://www.thegospelcoalition.org/article/4-reasons-archaeology-cannot-prove-the-bibl

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