En relación
con la revelación progresiva y el propósito redentor de Dios, podemos
evidenciar que influyen directamente en nuestra interpretación y
aplicación de las Escrituras en la actualidad. La revelación progresiva
es un proceso donde Dios va revelando paulatinamente su plan redentor al
ser humano. Como afirma Camarena (2023): «El Dios anicónico ha plantado
su icono en medio de este mundo, el ser humano —hombre y mujer—, imagen
y semejanza del mismísimo Dios. Las consecuencias religiosas y
teológicas poco a poco irán dando fruto en orden a la dignidad humana»
(párr. 6). Este concepto indica que la comprensión de la dignidad humana
y nuestra relación con Dios evoluciona conforme profundizamos en la
revelación divina. Por ejemplo, el pensamiento del pueblo israelita
sobre la vida y la muerte ha evolucionado desde etapas primitivas
relacionadas con el concepto del Seol (parecido al Hades griego), hasta
ideas más elaboradas y reflexivas. Este proceso indica claramente que la
revelación es un proceso dinámico y progresivo.
Finalmente, si realizamos una revisión adecuada del proceso de revelación progresiva del propósito redentor de Dios desde el Antiguo Testamento, lograremos una mejor comprensión de su mensaje en la actualidad. No podemos obviar la trascendencia del Antiguo Testamento como algunos proponen al sugerir estudiar únicamente el Nuevo Testamento. Es importante mencionar que cada etapa histórica tiene relevancia y que el entendimiento teológico actual depende de cómo interpretamos estos textos antiguos y su trascendencia presente. Termino con esta cita bíblica que evidencia el proceso de revelación progresiva: He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá... Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón...» (RV1960).

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